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Ganar por… ¿ganar?

Ganar por… ¿ganar?
Enero 30
21:02 2016

Estocolmo se prepara para recibir ya a la próxima candidatura. Desde la UER se espera a la próxima elección: la de España. Medios nacionales e internacionales ya atisban dos claras opciones: o las opciones de «ganar» o el orgullo patrio.

Ni creo que con los tres temas en inglés vayamos a tener más opciones de ganar el Festival, ni creo que el orgullo patrio sea impedimento para la victoria. Paso a desarrollarlo.

Tenemos tres temas en la lengua de Shakespeare: el intenso Now de Electric Nana, que apuntaba al cielo y en el disparo ha flaqueado un poco; el Say yay! de Barei que hoy día parece tener un amplio número de adeptos; y finalmente, el culmen del refrito, la oda al Melodifestivalen (con mucho retraso), el Victorious de Xuso Jones. Vaya por delante que no querría que estas líneas se centrasen en los y las artistas, sino más bien en los temas, en la candidatura en general.

Estoy plenamente convencido de que Xuso Jones es ajeno a todo esto. Pero evidentemente su canción no tiene ni una sola oportunidad de ganar el Festival. Y lo digo con rotundidad porque evidentemente llega al rebufo de la victoria de Zelmerlöw, solo que Victorious ni tiene magia, ni gancho, ni efecto sorpresa alguno. Xuso juega con su imagen a la de un joven atrevido pero inocente, y la canción le viene como un parche, un recorte de última hora. Un tema que en el ya mencionado Melodifestivalen no pasaría de la sexta posición de su semifinal. Un tema profundamente vacío, vacuo, espúreo. Me da pena por él, pero el tema no hay por dónde cogerlo, y si ya contamos con el pegote del español puesto deprisa y corriendo, para qué queremos más.

Electric Nana fue el nombre estrella, con el permiso de Barei, cuando se anunciaron los participantes. He de decir que esperaba su tema como agua de mayo, con unas expectativas muy altas generadas involuntariamente en una candidatura que prometía atrapar. El mejunje de lenguas y el carácter ¿excesivamente? desenfrenado me saca de la canción y me genera un intenso deseo de que llegue al final. Esperaba mucho más de ella, si bien realmente no sería ni mucho menos la opción que más me defraudase de ser elegida. Al menos es de factoría propia.

Y finalmente tenemos, de los temas en inglés, la que me parece la opción más redonda, sin ser excesivamente perfecta. Say yay! me parece un proyecto explosivo, atractivo, contundente, pero necesitado de una producción que lime alguna que otra impureza. Eso es lo de menos, pues dentro de lo que hay en Europa, a España no se le da tampoco mal mejorar los temas de cara a mayo, y sino que se lo pregunten a Pastora Soler o a Ruth Lorenzo, cuyos pequeños cambios realzaron sus candidaturas llevándolo a lo más alto. Al margen de esto, Barei tiene fuerza, garra, carácter. El tema necesita de una coreografía sencilla (poco probable viniendo de España) y profundamente efectista. Lo único que espero es que ella no termine por volverse loca al final de la canción, y modere su expresión, pues puede que el lunes sea su noche.

Y luego tenemos eso que en Europa consideran que limita nuestras opciones de ganar: el orgullo español. Es cierto que estoy totalmente en contra de argumentos como “Esto es lo que espera Europa de nosotros” que hacen de España algo así como el eterno Disco Estrella del viejo continente. Europa espera de España la calidad que espera de cualquier país, venga del estilo que venga y de la lengua que venga. Pero, teniendo en cuenta que el español es una de las lenguas más importantes del mundo, con un ascendente reconocimiento y presencial como lengua oficial y cooficial, deberíamos plantearnos tenerla como un valor al alza, y no someterla al imperialismo de un inglés que homogeneiza un festival ya de por sí globalizado, donde la bandera que vista el artista es casi ya lo de menos.

Salvador Beltrán y Maverick han fallado en su empresa por alcanzar el Festival. Uno peca de excesivamente manido con Días de alegría y el otro por tener un cuadro de salón, Un mundo más feliz, o de cocina, si consideramos el sorprendente gusto por la repostería de Juan Magán. Ambos no me han defraudado, pues esperaba más bien poco de ellos. Si acaso me decanto más por el primero, porque no renuncia a su estilo y está completamente mimetizado con su candidatura. Pero de Maverick si acaso sí se podría haber esperado más, y se ha obtenido un resultado cuanto menos pobre, que le puede situar con gran seguridad con el farolillo rojo de la gala.

En la lengua patria, quien tiene más opciones es, sin lugar a dudas, María Isabel y su La vida sólo es una. Y no entenderé quien aún dude de su directo, pues en las recientes entrevistas que ha dado y en las que nos ha ofrecido pequeños fragmentos de su tema, ha demostrado una gran solvencia con su voz. El tema es bailable, es fácilmente reconocible y asociable a nuestro país y su nombre en el mundillo eurovisivo es más que reconocido. Su aval es su victoria, y su tema juega a favor en las canciones en español. Sólo necesita un baile no demasiado recargado y una voz limpia, y doy por hecho que conseguirá ambas cosas.

En condiciones normales, podríamos esperar una gala muy intensa e inesperada como en 2009, 2010 o 2014. Sin embargo, el mayor peso que recae en esta ocasión en el jurado nos invita a pensar en una quizá no tan excesa emoción. Si el jurado no demuestra unanimidad, el televoto tendrá algo que decir. Pero si el panel de expertos presenta puntuaciones similares, podemos esperar más bien poco de los SMS.

No seré yo quien cuestione el sistema, pero teniendo en cuenta que a Loreen se le consideró en un primer momento como jurado nacional (el ahora rebautizado jurado de plató), la cosa se plantea extraña.

A priori,  me atrevo a vaticinar que el jurado internacional podría decantarse por las candidaturas más reconocibles a la imagen patria. Y con ello me refiero principalmente a María Isabel, y en segundo lugar, por su carácter alternativo, a Barei. El jurado nacional puede tirar más por el renombre y la supuesta solvencia de la candidatura de Xuso Jones, y el televoto podría aupar a éste último o a Barei.

Lo  más sorprendente de todo esto es la supuesta concepción de lo que entendemos puede ganar el Festival. Si creemos que el murciano tendría alguna opción con Victorious, no sólo se demuestra una enorme ignorancia del certamen europeo y sus votantes, sino también una noción totalmente acabada de la industria musical. El tema de la factoría sueca, pretencioso hasta en el nombre, puede tener veinte rivales del mismo estilo que se lo zampen, como pudiera ser el Pioneer húngaro, que bien merecería dejar al de Murcia sentado en la Green Room.

Si ganar implica llevar a Victorious, no sólo demostramos que la canción nos importa relativamente poco, sino que además no queremos sentirnos representados. Victorious es tan español como yo azerí. Y si ganar implicara llevar un tema sin sentido y sin razón como lo es éste, prefiero trescientas María Isabel y alguna que otra Barei en los últimos puestos, que ser recordados en la historia por un tema que podría haber llevado cualquier país.

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Director de El Eurovision Times.

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