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[OPINIÓN] Europa dice no

[OPINIÓN] Europa dice no
Mayo 17
14:57 2016

Eurovisión es un festival político. Musical, pero político. Y a veces, incluso politizado. Antes de llegar a la segunda frase más de uno me habrá puesto una cruz. Pero es así: Eurovisión es político porque en él participan países, es decir: sujetos políticos.

Y lo que es más, estos sujetos no sólo participan enviando al cantante de turno con una canción que tendrá más o menos suerte. Y estos países hablan, aunque pocas veces saben hacerlo. Esta vez lo han hecho, para proclamar a la que quizá sea la ganadora más merecida de la historia de nuestro largo festival: Jamala con 1944.

Europa ha mandado un mensaje de respeto, de integración y de abrazo a Ucrania. Y la decisión de proclamar a este país como ganador, no es baladí. Trae consigo un mensaje indirecto e implícito pero no menos importante a la madre Rusia, la cual, no tiene más remedio que hacer de tripas corazón, y demostrar unas grandes tragaderas pisando suelo ucraniano si no quieren tirarse un año a la bartola.

 

Cuando Jamala fue elegida, recuerdo muchas conversaciones con compañeros del equipo de Eurovision Times sobre la viabilidad de su letra. La inmensa mayoría apostó que se instaría a la NTU a que cambiara como poco la letra, sino la canción. Me mostré escéptico a que la fueran a cambiar: teníamos un antecedente muy cercano hablando de algo muy similar, y que salió a cantar a todo pulmón. Lisa Angell con N’oubliez pas se desgarró narrando la historia de aquellos quienes se fueron en la Primera Guerra Mundial, con un título no menos expresivo: No olviden. Un mensaje a la memoria colectiva que podría haber sido perfectamente invalidado si medimos ambos temas con la misma vara. Pero siempre nos ha gustado ser el abogado del diablo, y si bien muchos se pusieron de parte de los rusos alegando que en Eurovisión temas como los mencionados no tienen cabida, otros ni nos rasgamos las vestiduras, ya que si no pensamos que los alemanes se podrían haber quejado por el tema francés, los rusos no tendrían por qué hacerlo de los ucranianos, y de hacerlo como hicieron, no se les haría caso alguno.

En definitiva, Putin tuvo que ver recostado en su sillón, como una tártara de Crimea cantaba al mundo las atrocidades de su antecesor Stalin. Y no es lo peor eso: tuvo que verla ganar, mientras Sergey Lazarev miraba al marcador en un ahogo disimulado, acordándose de toda Europa y de nuestras madres.

Y me dirán: a Georgia se le negó la participación en 2009 con un tema político. Y llevarán razón. Pero diferenciemos política de historia, que no siempre van de la mano. Cantar por aquellos que no están y que se jugaron la vida en el pasado, con un fin meramente didáctico, tratando de recordar que las atrocidades cometidas no deben repetirse, no es ni por asomo similar a criticar a un presidente hoy en el cargo y sus políticas. Básicamente, porque en el segundo caso tenemos un interlocutor directo, y en el segundo no. No se ofende sino quien quiere sentirse ofendido. Y es curioso ver cómo cuatro eurofans españoles se enfadan porque Jamala clame por su historia. “El año que viene, mandamos una de la Guerra Civil”, ha sido un comentario muy repetido desde entonces. Dejando aparte el grado de conocimiento que tengan dichas personas de tal conflicto, sería totalmente loable por parte de RTVE hacerlo, o más bien del cantante que decida hacerlo (de RTVE no podemos esperar mucho, por no decir nada, o más bien algo malo). Recordar no es romper las reglas, generar un conflicto con un presidente vigente sí. El matiz no es pequeño, salta a la vista.

El año que viene, con gran seguridad, las televisiones participantes enviarán a sus respectivos candidatos a Kiev. Y esperamos, RTVE sea una de ellas.

Pero no nos confundamos: a RTVE le importa el Festival lo mismo que a mí la repostería mongola. El mundo de las redes sociales se mueve a una velocidad vertiginosa, y no han sido pocos los que, con toda la razón, han pedido que se depuren responsabilidades. Me gustaría pensar que podría hacerse real, pero si pienso que los responsables son funcionarios públicos, la esperanza se me va por donde ha venido. Tendremos que esperar a que se jubilen o a que, espontáneamente, en un ejercicio de lucidez mental dejen paso a savia nueva. Pero la picaresca española lleva en su ADN que reconocer los errores es fracasar, y que las cosas pueden mejorar en verano. Todos nos ponemos la mar de felices cuando escuchamos a Federico Llano hablar de agua y de piscinas en relación a la próxima candidatura española. Quizá sea una realidad, pero tirando de historial, no podremos sino esperar la gala montada en dos semanas con cinco o seis artistas que dirán saber a dónde van, y cuando se suban al escenario, empiecen a hacer declaraciones que presagien otro fracaso.

Cuando escuché el tema de Barei, la esperanza volvió a sobrevolar mi cabeza tras el despropósito de Edurne. Y lo que en principio parecía una candidatura potente, con un equipo muy bien montado, comenzó a menguar cuando aparecieron los problemas con el coreógrafo y cuando ella, en un ejercicio de autosuficiencia, se creyó capaz de montar una escenografía con su pareja. Ruth Lorenzo lo hizo sola y estupendamente, pero no comparemos una balada que no exige de coreografía más que de fondos, planos y focos, con un tema bailable que exige de cierto ritmo y novedad, algo que sí tenía el tema, pero no la propuesta.

Y ya para terminar, mi reprimenda a la artista. No creo que mereciera un 22º puesto, ni tampoco creo que lo hiciera tan mal. Pero sí que creo que como le ocurriera a ESDM, se pensó que el Festival era un concierto más, y cuando presagió el golpe, dijo que ella era una artista de concierto y no de televisión. Y eso, querida, es igual que decir que no sabías a dónde ibas.

Para mi Barei será una de las grandes representantes de España en Eurovisión, pero igual de grande será también la decepción. Su actuación me pareció decepcionante, oscura y fría. Y que no me digan que la SVT pasó del Big 5 ni demás teorías conspiranoicas de eurofan autocomplaciente. España fue sin hacer los deberes, como acostumbra, y se llevó el puesto para el que se presentó: un señor Bottom 5 que nos sume en una enorme depresión de resultados. Y seguiremos así.

Ahora en España vivimos una dualidad respecto a Eurovisión, y lo es por culpa de RTVE. Mientras el Festival avanza y gana reconocimiento entre los diferentes medios del país, las candidaturas españolas brillan por su ausencia y eclipsan las noticias que ensalzan las virtudes de un Festival al alza. Mientras Europa se esfuerza por levantarlo y generar interés entre los medios generalistas, países como España remamos a contracorriente. Y eso hace que no paren de crecer las voces que piden la retirada. Yo hay días que pediría la expulsión. Que Europa nos diga que no.

 

Imagen: EBU.

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Director de El Eurovision Times.

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