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El resurgimiento de Europa

El resurgimiento de Europa
mayo 13
18:20 2014

En tan sólo doce días la Unión Europea tendrá el primer gobierno elegido por los europeos que llevará a cabo una política general con una hoja de ruta ideológica en función del partido o coalición ganadores. Es decir: Europa tendrá un gobierno con ideología, con una línea a seguir propia. Un Gobierno propio y no una suma heterogénea de dirigentes en función de su partido político, como las alcaldías en España.

Ahora es el turno de ver realmente la verdadera cara de Europa. Muchos, ahora se empeñan, en enseñar la verdadera cara de Conchita Wurst: la de Tom Neuwirth. Esas ganas de hurgar en lo superfluo.

Pero… detengámonos un poco más antes de hacer una crítica meramente musical. Quiero quedarme un poco más con algo que me lleva dando vueltas en la cabeza: ¿Ha sido la victoria de Conchita una victoria únicamente musical?

NO

¿Qué ha sido entonces la victoria de Austria en Eurovisión 2014? Evidentemente sí, ha tenido un componente musical que más adelante desgranaré y desmenuzaré hasta hartarme (y hartaros). Pero también ha tenido un componente político. «Política», es esa palabra que tanto parece molestar si hablamos del Festival, cuando Eurovisión es política ya por el mero hecho de que aparezcan en competición países. ¿Qué son los países? Sistemas políticos. ¡Anda, fíjate por donde!

Nunca jamás imaginé que fuera a compartir opinión alguna con el señor Boris Izaguirre, que contribuyó a una de las mayores debacles de las preselecciones recientes, entre otro ‘elenco’.

“Pero aunque el Festival de Eurovisión no figure entre las preferencias y recuerdos de los políticos, nuestra auténtica candidata europea es Conchita Wurst, la barbuda cantante que representa a Austria en el certamen. El look de Conchita está más allá de cualquier frontera y derrite cualquier populismo. Lleva barba de corsario y blusa blanca (como Carolina Herrera) envuelta en una poderosa melena oscura. ¡Bravo! ¡Brava! Además, declara que la española Ruth Lorenzo es “su favorita”. Conchita, que nació con ADN masculino, interpreta su canción sobre el ave fénix demostrando, sin recurrir a fondos públicos, que el talento y el compromiso no conoce de géneros”. (Izaguirre, 2014. El País)

Tal y como afirma Boris Izaguirre: es nuestra auténtica candidata europea. Conchita estaba destinada en el momento perfecto, con la canción perfecta, y con la imagen perfecta, a dar el mensaje que las instituciones políticas de nuestro macroestado, la Unión Europea, no ha sido capaz de dar en los últimos años en materia de derechos en diversidad sexual. ¿Por qué? Me atrevería a decir que la heterogeneidad de la UE no permite todavía dar una posición clara y contundente a Vladimir Putin, teniendo países del este que aún no han desarrollado en absoluto esta materia. Para nosotros, los países occidentales, la posición es muy clara. Pero Europa aún tenía que reivindicar algo que ya hizo hace más de diez años. Necesitaba dar un golpe en la mesa y decirle al señor mandamás ruso, que estas son las reglas del juego, y que si no le gustan, puede crearse él las que quiera, que de hecho es lo que hace. Igual que a Estados Unidos, a Rusia le encanta opinar de todo lo opinable. Y de lo que no también.

La cuestión es que Rusia es un país limítrofe con muchos miembros de nuestra anhelada Europa. Y claro, los conflictos, aparte de políticos y territoriales, tienen un alto componente social, cultural e ideológico. Mentes ancladas en siglos pasados se atreven a insultar y legislar en contra de manifestaciones sexuales diversas y no heterosexuales. Aberrante.

En definitiva, en vez de dar el golpe en la mesa por parte de la UE, se dio en el micrófono por parte de Conchita. Los mayores temores de aquellos quienes reprimen su propio pensamiento del aperturismo se confirmaron. La señora Wurst recogía el micrófono de cristal y tallaba su nombre en el paseo de los ganadores de Eurovisión. Putin puso otro nombre en su lista negra. Conchita, y con ella: Europa.

Diversas personalidades de la socialdemocracia (no podíamos esperarlo de más, sería ya demasiado), como el actual Presidente de la Comisión Europea -y candidato a serlo por el PSD- Martin Schulz, o el úndecimo y actual Presidente Federal de Austria, Heinz Fischer, se congratularon por la victoria de Conchita, e incluso este último pudo recibir a la voz ganadora en la sede gubernamental.

En definitiva, se ha puesto de relieve que Eurovisión puede, perfectamente, ser un arma -y útil- política para la Unión Europea. Resulta evidente que el mensaje está por encima de la imagen y que los que votaron por ella en Rusia, lo hicieron con el anhelo de que su propio Presidente fuera consciente de ello: el caballo de Troya entró en el Kremlin en forma de 5 puntos de Rusia a Austria. Tercer país favorito para el público y undécimo para el jurado. Ahí es nada.

Pero, antes de seguir y meterme en harina, me gustaría añadir que sí, Eurovisión es -o puede ser- ciertamente, un arma de la política. Y un arma que la propia Unión valora. La propia página de Facebook del Parlamento Europeo llevaba la cuenta atrás de los días que faltaban para celebrar el evento. Un claro reflejo del ansia que tenía el organismo por ver como la voz de “la mujer barbuda” decía todo aquello que rezaba Bruselas. Dicho y hecho.

El problema es que, hay demasiada ignorancia. Hay todavía quienes creen que una barba escandaliza. Ciertamente, habrá en países que sí por cuestiones culturales, religiosas, ideológicas o incluso también políticas. Pero de ahí a decir que si ha ganado Austria es por la imagen, hay un trecho.

Austria, a mi parecer, ha ganado gracias al conjunto. El conjunto tiene su corazón en un mensaje muy claro, y que resumiría en las iniciales de un partido político, pero como no quiero linchamientos, lo resumiré en una palabra,

LIBERTAD

Eso a lo que tantos países no tienen acostumbrados a aquellos quienes mantienen Gobiernos totalitaristas de forma estúpida. Pero en definitiva, emitió un mensaje, que es lo que importa. Y fue acompañado por la imagen que ya conocíamos de Conchita desde 2012 cuando con su “That’s what I am” intentó representar a Austria en Bakú.

Pero claro, tenemos que tener siempre a aquellos a quienes les escuece una victoria que levanta polémica:

Aquellos quienes anteponen el nacionalismo o un pensamiento rancio ensalzando sus vivencias como si fueran abuelos sauce que han vivido guerras y posguerras.

Aquellos que por tener un púlpito desde donde poder hacer apología e ideología, devienen constantemente levantando polvaredas y controversias.

Aquellos que simplemente por tener una voz más alta, aún quieren gritar más fuerte.

La necedad y el egocentrismo abocan a la impopularidad. Una impopularidad que se ganan con cada comentario. El que avisa no es traidor. Y más aún cuando los motivos se caen por su propio peso. Personas, algunas en concreto, que están dotadas de la mayor de las incoherencias, llegando a criticar a la representante española al principio, y de la noche a la mañana ensalzar su tierra como si por tener raíces de Murcia fuera a ser ya la quinta esencia. Ni tanto ni tan poco, oiga. Un poco más de personalidad, y otro poco menos de hipocresía. No se tiene mejor criterio por haber vivido la discriminación de los ochenta. Ni tampoco se puede ir comparando unos con otros para llamar a Conchita friki. Friki, para aquellos necios y necias que lo usan con tanto libertinaje, es simplemente ser diferente. El aditivo peyorativo ya se lo ponen ellos/as. Pero… ¿acaso no eran diferentes Loreen, Lordi o de Forest? Por vestimentas, caracteres o imagen. También son frikis. Y no es negativo.

Gracias.

Cerrando el frente abierto, me iré a la parte musical, y para ello… dentro vídeo.

Contaba con grandes opciones, pero encima, la caída de Aram mp3 del puesto número uno de las casas de pago tras su floja interpretación y performance, lo tenía hecho. Aunque no lo tuvo fácil, con la sombra constante de Suecia y Países Bajos, países que también ganaron enteros tras la caída del armenio.

Pero la elegancia y la garra de Austria pudieron con todo. Embutida en un perfecto vestido y con su recortada barba, Conchita Wurst antepuso su canción a su imagen, aunque muchos digan que no. Prueba de ello fue mi experiencia en Radio Nacional España. Mientras algunas, dos estudios más abajo, estaban pensando como despotricar sobre la ganadora, dos más arriba tenía que escuchar como locutores de deporte, que conocerían a Conchita por su notoria imagen, reconocían en pleno directo el DI-REC-TA-ZO que se marcó, y antepusieron, tal y como hizo la propia artista, su interpretación a su propia imagen. Locutores de deporte que reconocen las capacidades vocales de una artista y supuestos entendidos y entendidas de música o el Festival ensalzando justo lo otro. Lecciones de vida.

Maravillosa experiencia el retransmitir la Gran Final en directo desde Radio Nacional España. Estresante teniéndolo que combinar con eventos deportivos, pero igualmente gratificante. Repetiría sin pensármelo dos veces.

No diré que fuera mi favorita, porque tuve otras antes, pero he de reconocer que las capacidades vocales y artísticas, acompañadas de la impresionante puesta en escena, contribuyeron a que ascendiera en mi top, aunque ya estaba ubicada bastante arriba.

Fueron, ni más ni menos, doscientos noventa los puntos que consiguió cosechar Conchita. Visto hace pocos días podría ser visto como una puntuación discreta, pero atentos al ránking de los últimos 15 años. ¿Qué lugar ocupa Conchita en la lista de los últimos ganadores? A muchos/as les picará ver la posición.

1º Noruega (2009) – “FAIRYTALE” – Alexander Rybak (387 puntos)
2º Suecia (2012) – “EUPHORIA” – Loreen (372 puntos)
3º Finlandia (2006) – “HARD ROCK HALLELUJAH” – Lordi (292 puntos)
4º Austria (2014) – “RISE LIKE A PHOENIX” – Conchita Wurst (290 puntos)
5º Dinamarca (2013) – “ONLY TEARDROPS” – Emmelie de Forest (281 puntos)
6º Ucrania (2004) – “WILD DANCES” – Ruslana (280 puntos)
7º Rusia (2008) – “BELIEVE” – Dima Bilan (272 puntos)
8º Serbia (2007) – “MOLITVA” – Marija Serifovic (268 puntos)
9º Alemania (2010) – “SATELLITE” – Lena (246 puntos)
10º Grecia (2005) – “MY NUMBER ONE” – Helena Paparizou (230 puntos)
11º Azerbaiyán (2011) – “RUNNING SCARED” – Ell & Nikki (221 puntos)
12º Estonia (2001) – “EVERYBODY” – Dave & Tanel Padar (198 puntos)
13º Dinamarca (2000) – “FLY ON THE WINGS OF LOVE” – Ohlssen Brothers (195 puntos)
14º Letonia (2002) – “I WANNA” – Marie N (176 puntos)
15º Turquía (2003) – “EVERYWAY THAT I CAN” – Sertab Erener (167 puntos)

En definitiva, donde algunos ven el fin, otros vemos el resurgir de Europa. Finalizada la crisis, nuestro continente encuentra las tan esperadas respuestas a las que no podía contestar con las viejas, a las preguntas que formulaban las épocas de progreso. Hemos regulado el ritmo, pero no la intensidad. Eurovisión es ante todo democracia, para eso están los países presentes y los cantantes cantan bajo una bandera. Sí, Eurovisión es democracia, puesto que también se vota, aunque quizá sea este el acto menos democrático en el Festival que cumplirá 60 años en 2015. En Austria.

Y hasta otro ratito.

@cehache_

 

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